Algunos ejemplos de artículos de Óscar Bribián:

Diseccionando a Pickman Publicado en revista Scifiworld (www.scifiworld.es)

La luz del diablo, de Roberto Malo Publicado en revista Scifiworld (www.scifiworld.es)

Sobre Monterroso y la percepción de la realidad- Publicado en revista Tántalo (cádiz) en el número 47 (marzo-2008).

Otros artículos del autor pueden verse en la Revista Oxigen (www.revistaoxigen.com)

 

Sobre Monterroso y la percepción de la realidad

A menudo pensamos que en la creación literaria no existen las realidades, que es todo ficción, o por lo menos una deformación de la realidad. Los escritores somos proxenetas, como diría Raymond Chandler: “Prostituimos lo que vemos y a la gente que conocemos y le damos nueva vida en un libro”. Efectivamente el estilo del escritor es un compuesto de estilos pertenecientes a cada autor que ha leído, una amalgama de géneros, talentos diseccionados y expresiones adulteradas. Los temas que abarca surgen de cada situación o persona que ha conocido, de manera que un escritor coge un fragmento de realidad y lo remodela a su antojo. Es como coger un pedacito de plastilina y estirarlo, doblarlo, aplanarlo, hacerlo bolitas con las manos, etc. Sólo que ese pedazo de plastilina es un trozo de realidad en manos de un imitador de Dios que juega a crear su Adan y Eva particular y a cambiar los destinos de los personajes, a quienes les ha regalado la vida (aunque sea en negro sobre blanco, y muchas veces ésta no pase más allá del cajón olvidado del escritorio de turno). El escritor transforma la realidad trabajando sobre el folio, con el teclado (o el bolígrafo en su defecto), su memoria, su persistencia y su imaginación como únicas herramientas.

Existirán autores que busquen concebir obras extensas, llenas de disertaciones filosóficas con las que convencer al lector de algo, o usando insólitos cruces entre personajes de varias generaciones para aderezar una trama que necesite sobresaltos. Algunos darán mayor importancia a la introducción, otros al desarrollo de la obra y muchos al colofón, tan expeditivo a veces como previsto. Habrá otros que prefieran historias sencillas o cortas pero originales, con finales sorprendentes, en ocasiones rompiendo los moldes de la narrativa tradicional y buscando nuevos esquemas narrativos, soslayando la vieja máxima “Exposición-nudo-desenlace”. Y es dentro de estos últimos donde destaca Augusto Monterroso, Tito, como lo llamaban sus allegados.

El guatemalteco siempre destacó por la sencillez y la brevedad en su obra literaria. De hecho, toda su producción bibliográfica no alcanza las mil páginas. Pero lo importante en la obra literaria de Monterroso es el humor y la inteligencia, no la duración. Exponente de ello son sus dos relatos más cortos, “El dinosaurio” y “Fecundidad”: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” y “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea”.

No cabe duda de que Monterroso fue un escritor que revolucionó la precisión narrativa, luchando siempre por encontrar las palabras exactas, con una sencillez tan extrema que resultaba genial.

Y, por si fuera poco, cada cuento, fábula, ensayo y, en general, cada escrito suyo nos hace sonreír. Porque Monterroso fue un hombre que percibía la cruda realidad desde un punto de vista humorístico, sin escapar nunca de las temáticas más complejas y fascinantes, con una prosa caricaturista que desnudaba los contextos más exigentes. “El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo”, dijo una vez en boca de uno de sus personajes, Eduardo Torres. Su ironía no ofende: divierte.

Monterroso dijo una vez: El conocimiento directo de los escritores es nocivo. «Un poeta- dijo Keats- es la cosa menos poética del mundo». En cuanto uno conoce personalmente a un escritor al que admiró de lejos, deja de leer sus obras. Esto es automático. Así de tajante, e irónico, se mostraba el autor en su “Homo Scriptor” cuando hablaba de los escritores y, por ende, de sí mismo. Empero Adolfo Castañón desmentía más tarde tan contundente afirmación del guatemalteco describiéndolo como un hombre cálido y amable, con la capacidad de conceder a todas las personas la misma importancia. Pero Monterroso era así, crítico con todo el mundo y consigo mismo. Siempre utilizando un humor fino y cálido.

Pese a ello, el escritor afirmaba que un buen cuento debía ser siempre un cuento triste, puesto que la vida es triste y en un cuento se encuentra toda la vida. Para él un cuento debía recoger la vida con astucia y verdad. Por eso buena parte de su obra rezuma humor dentro de una cruda realidad que nos hace abrir los ojos y reflexionar.

Fue ante todo un cuentista, y cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras se lo consideró uno de los más egregios representantes del género breve en la lengua española. Un escritor que trataba con humor la tristeza de sus cuentos. Un hombre que buscaba finales sorpresivos, metáforas burlescas, humor negro reducido a las menores palabras, al alcance de todos los lectores y estudiado por los más exigentes. Fue el genio de lo breve.

  Oscar Bribián

Diciembre del 2003